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Bernardo Blau comenta con sentidas palabras la experiencia vivida en la última ceremonia de Kabalat Shabat en ocasión del Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

Este último Shabat conmemoramos en nuestra sinagoga la fecha fijada por Naciones Unidas para recordar la Shoá. Me sorprendió y alegró que la concurrencia de tanta gente no dejó lugares libres para sentarse, ya que tradicionalmente enero es un mes en donde la gente asiste a los servicios religiosos en menor cantidad.

Tuve el honor de participar de la ceremonia, acompañando a nuestro Jazán Joni Kohan en los tradicionales rezos y salmos, con alegría y emoción. Justamente fue a pedido de Joni que narré brevemente la historia de supervivencia de mi padre, Roberto Blau, en esos años tan tristes.
Su historia y desgracias, tan dura y tan parecida a la de muchos sobrevivientes, emocionó hasta las lágrimas al kahal presente. Todos pudieron reflejarse, con congoja y también dolor, al escuchar lo vivido por mi padre en esos años. El hambre, el frío, la incertidumbre y la soledad marcada por el terror a la muerte.
Su supervivencia fue gracias a la generosidad de cristianos religiosos y laicos, que lo protegieron en un convento al suroeste de Bélgica. Gracias a esta actitud tan humana y amorosa, pude terminar de narrar la historia, mirando nuestro presente comunitario y proyectarlo a un futuro ejemplar para todos nosotros.
El nunca más ya está grabado en la conciencia colectiva, y nos encontramos resucitando de las cenizas de la judería europea, para encontrar hoy un pueblo judío fuerte, con un estado de Israel que nos respalda y nos hace sentir seguros y orgullosos.
Bernardo Blau